


Además precisa que "hay masones que van todavía más lejos en esta blasfemia ya que quitan toda forma de divinidad a Cristo y dicen que él fue el primer masón, un hombre iniciado. Se apoyan en el hecho de que José y Jesús fueron carpinteros. Y que la palabra 'carpintero' es la etimología de 'architecto' y todos los masones, sobre todo en los Altos Grados son Gran Arquitecto".
Serge es arquitecto y entró en la logia masónica por un amigo, intentando encontrar en ella las respuestas a las preguntas más profundas del hombre. A los 33 años de edad, cuando un contacto profesional le llevó a ingresar en la masonería.
-¿Por qué ingresó en la masonería? "Creo, simplemente, que me planteaba las mismas cuestiones que cualquiera sobre las razones por las que tenemos conciencia de estar en la tierra. Me pareció que la masonería podía tener respuestas. Además, me había alejado de la fe, en particular de la Iglesia. Y sobre todo creo que había en mí una cierta curiosidad por el "secreto masónico".


Las pruebas tienen lugar en el Templo y con los ojos vendados. Finalmente, tu padrino te quita la venda de los ojos y eres admitido entre los masones, con grado de aprendiz. Luego, al cabo generalmente de un año, pasas otras pruebas para convertirte en compañero. Entonces ya puedes hablar y participar activamente en los trabajos masónicos, porque como aprendiz, durante todo un año, estás obligado a un estricto silencio y se te encargan trabajos secundarios (poner y quitar los objetos del ritual para los trabajos, servir las comidas, lavar la vajilla, etc.). Un año después, pasas una nueva prueba para convertirte en maestro. Se trata, claro, de pruebas simbólicas.
-¿Son tan impresionantes como se dice los ritos de iniciación? Eso depende de las obediencias. Pero el objeto mismo de la iniciación, y de otras ceremonias para pasar al grado de compañero, y sobre todo de maestro, es sacudir la imaginación. Y por tanto, de impresionar.
Eso en el Gran Oriente. ¿Y en Derecho Humano? La primera prueba de iniciación es bastante impactante: tienes los ojos vendados, la música es ensordecedora y angustiosa (como la de una película de terror), se te empuja brutalmente a andar de un lado a otro, y se te detiene también brutalmente. Se te hace beber un brebaje dulce, luego uno amargo, luego los dos… Todo se hace para provocar en ti una inquietud. Del mismo modo, la primera cosa que ves cuando se te levante la venda es una luz cegadora, e inmediatamente después, cuando los ojos se acostumbran... ¡las espadas de los masones apuntando hacia ti, diciendo que sus hojas amenazan a los traidores!

-¿Hay un ambiente de libertad en las logias? En principio, la palabra es libre, y por tanto parece interesante poder expresarse libremente e intercambiar ideas. Pero pronto uno se da cuenta de que la palabra sólo es libre en el marco de lo que en mi libro denomino "la palabra masónicamente correcta". Es decir, uno no puede expresar fácilmente, y menos aún defender, convicciones diferentes a las sostenidas por la masonería (por ejemplo, sobre el matrimonio homosexual, la familia, el aborto, la eutanasia, etc.). Si eso sucede, uno queda enseguida en minoría, si es que no es objeto de burlas.

-¿Dónde queda entonces la fraternidad? La fraternidad resulta sobre todo de un sistema de influencia interna a fin de que algunos puedan acceder a ciertos poderes masónicos. Hay clanes. Por supuesto conoces también personas sinceras con quienes se pueden crear lazos de amistad.
Y usted había entrado, sobre todo, por razones digamos "espirituales"...No encontré ninguna espiritualidad real en la masonería, y menos en los altos grados por encima de maestro.
Sergio bad-Gallardo cuenta que el camino para dejar la masonería fué difícil: “durante un año o año y medio estuve convencido de que había encontrado la fe y no sabía si tenía que quedarme en la masonería, ése podía ser mi sitio en donde hablarles a los masones del Evangelio. Pero hablando con un sacerdote me hizo entender de que nada serviría hablarles si ellos no estaban dispuesto a escuchar”.
-¿Cuánto duró su proceso de retorno a la Fe? Un período bastante prolongado. Me resistí durante mucho tiempo a la llamada de Cristo. Nunca he hecho rápidamente las cosas importantes. ¡Y estaba muy ciego! Tenía necesidad de estar seguro de que tomaba el camino correcto. Conocí a un sacerdote franciscano hace unos quince años. Fue una revelación. Tuve entonces la certeza de la presencia de Cristo en mi vida. Volví a rezar.
Luego, algunos años después, escuché la voz de Cristo en una capilla. Y como todavía me resistía, pese a todo, a Su Amor, recibí en Lourdes una gracia particular e inesperada. Fue entonces cuando decidí, ante el increíble acontecimiento que acababa de vivir, hacer un retiro en una abadía. Allí comprendí que Cristo me buscaba más que yo a Él. Y entonces, simplemente, le amé, con un amor inmenso, lamentablemente muy débil ante Su Amor por nuestra pobre humanidad.
Qué descubrió Serge Abad Gallardo de la masonería? en qué le mentían? descubrió que en el ritual del inicio del año masónico "se le daba gloria a Lucifer". “Ellos no dicen que se trata del diablo, sino que toman la etimología de la palabra y dicen que es ‘el portador de luz’.
Algo similar también sucedió cuando vió que entre los altos grados de la masonería se alaba a la serpiente de la que se habla en el Génesis, por la que Adán y Eva cayeron en el pecado original. “Dicen que ella trajo la luz y el conocimiento al hombre que Dios no quería dárselo.
En mi libro demuestro que los dos gobiernos franceses bajo la presidencia de François Hollande, el de Jean Marc Ayrault y el de Manuel Valls, incluyen un número anormal e increíblemente alto de masones. Ahora bien, son precisamente estos gobiernos los que han traído las leyes sobre el matrimonio homosexual, el intento de imponer la ideología de género en las escuelas, y el debate sobre las madres de alquiler. O la transformación de la laicidad en secularización de la sociedad. Todo induce a pensar, en efecto, en una importante influencia real de las ideas masónicas en la vida política. Porque esas ideologías nacen de las ideas de la masonería, que está en una especie de "revolución social permanente".

Entre la masonería y el demonio "hay una relación pero no es tan directa. La mayoría de los masones ni se dan cuenta de la influencia del demonio en los rituales masónicos. Ellos piensan, con todo la intención posible que están trabajando por la 'Felicidad de la Humanidad' o por el 'Progreso de la Humanidad'". Es decir, “no hay un culto al diablo abiertamente, pero se decora con palabras y uno debe darse cuenta de lo peligroso que es estar dentro de una sociedad así”




